Para los filtros de los foros del diario LA NACIÓN, el término “gorilaje” es considerado “lenguaje inapropiado”. Las pruebas, al canto:
La nena y el general
Septiembre 23, 2007La nena sabe que necesita estudiar fuera del país. Ha elegido, incluso, a quien deberá ser su maestro: Friedrich Gulda. ¿Cómo llegar a él? La familia no tiene muchos recursos. El padre es un contador, la madre una taquígrafa. El dinero alcanza para vivir, para ir al cine, para que nada falte en la mesa, pero no para viajar a Viena. Corre el año 1954. La suerte golpea a la puerta de la nena: el intendente de Buenos Aires, de apellido Sabaté, la ha escuchado tocar y la admira. Le promete y le consigue una cita con el Presidente de la República, el general Perón. La madre acompaña a la nena. Las dos, ahora, están frente a Perón, que ese día se ve distendido y de abierto buen humor. La nena le cae bien al general. ¿Así que ya tocaste en el Colón? Sí, el Concierto de Schumann. Mirá vos, tan chiquita y ya tocaste en el Colón. La madre de la nena, que se llama Juana, le sugiere al general que –de producirse alguna ayuda económica para sus estudios– la nena podría dar un concierto en la UES. “O donde usted lo considere adecuado.” El general sonríe con su célebre sonrisa. “Pero no, señora. La nena está para otras cosas.” Se inclina sobre ella y le dice: “Decime, Ñatita”. A la nena, jamás, nadie le había dicho “ñatita”. Acaso se pregunte si es o no “ñatita” ya que sabe mirarse al espejo y nunca advirtió poseer una nariz pequeña. Pero ahora ese señor tan importante le ha dicho “ñatita”. “Decime, Ñatita”, le dice, “¿a dónde querés ir vos?” La nena, ahora la Ñatita, le dice: “A Viena”. “Yo no era muy peronista –recordará después–. Siempre andaba pegando por todas partes unos papelitos que decían Balbín-Frondizi.” La madre sugiere que Estados Unidos es mejor. Pero la nena insiste: a Viena. “A él le gustó que no quisiera ir a Estados Unidos”, recordará también la nena. La madre, tal vez aún insegura, insiste con lo del concierto en la UES. “Parece que yo debo haber puesto mala cara –recordará otra vez la nena–. Una cara bastante reveladora de que la idea no me gustaba porque Perón le empezó a seguir la corriente a mamá, diciéndole ‘por supuesto, señora, vamos a organizarlo’, mientras me guiñaba un ojo y, por debajo de la mesa, me hacía con un dedo que no. El la estaba cargando a mamá y a mí me tranquilizaba. Se dio cuenta de que yo no quería. Fantástico, ¿no? Y le dio un trabajo a mi papá. Lo nombró agregado económico en Viena. Y a mamá le dijo que le parecía que ella también era muy inteligente, emprendedora y capaz y le consiguió otro puesto en la embajada” (Revista Clásica, No 133, Buenos Aires, 1999). Así, por esas cosas del peronismo, la nena se fue a Europa, llegó a Viena y se puso a estudiar con Gulda en tanto su padre y su madre ganaban el dinero necesario en la embajada argentina. La nena se llama Martha Argerich y es la más grande gloria musical que surgió de este país. Dedicará su vida a la música, ese arte que, según George Steiner, es, junto con la filosofía, la más alta cumbre a la que puede acceder el espíritu humano. El más elusivo también, el más indefinible. Alguien le pregunta a Schumann, luego de escuchar una de sus piezas, qué significa eso que tocó, qué quiso decir. Schumann, por toda respuesta, retorna al teclado e interpreta otra vez la misma pieza.
(Leído en Página/12 Web)
Un finado muy particular
Mayo 30, 2007En el folio 98, Libro 2, del año 1860, que obra en poder de la Intendencia Municipal de San Justo, se encuentra la siguiente partida de defunción:
“Matanza, 14 de Febrero de 1860.
El infrascripto, Eusebio Rodríguez, alcalde, certifica que Don Manuel Chico, que muerto lo tengo de cuerpo presente tapao con poncho pampa al parecer rayuno, lo sorprendió la muerte al salir del baile de Don Rufino “EL CATALÁN” de la quebrada de Doña Peña, lugar muy conocido y de pública voz y fama en el pago.
Interrogado el cadáver por tercera vez y no habiendo el infrascripto obtenido respuesta categórica, resuelve darle sepultura en el campo de los desaparecidos, conforme cuadra sus circunstancias morales y físicas de que certifica.
P.D. Debo hacer constar además que el finao era muy amante de la bebida y muy dado a las galanterías amorosas, por cuya circunstancia tendría una cicatriz en la quijada izquierda producida por un cucharón de grasa caliente que le arrojó al rostro la hija de la parda Nicolasa, no se sabe porqué safaduría“.
Leído en latandilura.com.ar


Escrito por mordisquito
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