Enhebrada con un cordel de cáñamo a un mate de madera torneado y decorado por un artesano de la Provincia de Salta (Argentina), encuentro esta nota que paso a compartir, con algunas modificaciones en su gramática y ortografía, pero sin dejar de reconocer los derechos y el mérito de su anónimo autor:
“El mate es una infusión de hierbas que se toma no precisamente porque se tenga sed. Es más bien una costumbre, exactamente contraria a la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo”.”Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es ‘¡Hola!’ y la segunda, ‘¿Unos mates?’. Esto pasa en todas las casas, en las de los ricos y en las de los pobres, entre mujeres charlatanas o circunspectas y entre hombres serios o inmaduros, entre ancianos y adolescentes. Es también una de las pocas cosas que comparten los padres con sus hijos sin discutir ni echarse nada en cara.”
“Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar, en verano y en invierno. Quizás, es también lo único en que se parecen víctimas y verdugos.”
“A tus hijos, les empezás a dar mate cuando te lo piden : se lo das tibiecito, con mucho azúcar… y se sienten grandes, mientras vos experimentás un orgullo enorme y te parece que el corazón se te sale del cuerpo al ver que un pequeño de tu misma sangre comienza a tomar mate. Luego, con los años, ellos años elegirán si lo toman amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón , etc.”
“Este es el único país en donde la decisión de dejar de ser chico y empezar a ser hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres: acá empezamos a ser grandes cuando sentimos por primera vez la necesidad de tomar unos mates solos. No es por casualidad, no es porque sí, que un chico pone un día la pava en el fuego y toma sus primeros mates sin que haya nadie en casa. En ese momento se convierte en una persona adulta, tal vez porque se siente solitario, porque tiene miedo, porque está enamorado, o simplemente porque tuvo deseos de tomar mate. No es un día cualquiera. Pocos recuerdan esa ocasión, pero debió de haber sido un día importante, un día de cambio o tal vez de revolución adolescente: el sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores”.
“Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es el respeto de los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa. Es la sinceridad para decir ‘¡basta, cambiá la yerba’!. Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar estúpidamente, ‘¿está caliente, no’?. Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia del uno por uno. Es la obligación de decir ‘gracias’ al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayor pretensión que la de compartir “.
“Ahora vos sabés: un mate no es sólo un mate. ¿Calentás el agua?“.
Escrito por mordisquito
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